martes, 13 de agosto de 2013

7
SILENCIO SEPULCRAL

Hubo un silencio dañino, solamente se escuchaba alguna respiración entrecortada y algún que otro sollozo que se perdía en la cabeza de todos los chicos. En ese momento, solo tenían una cosa en mente: Hugo acababa de morir de una manera espantosa, acababa de perder la vida ante sus narices y no pudieron hacer nada más que llorar y ver como sus ojos perdían su color.
               Josefa estaba pálida y tiesa; parecía un muñeco de nieve vestido de arco iris. Sus arrugas se convirtieron en altas cordilleras como nunca antes lo habían hecho. Empezó a temblar y Nacho reparó que sus labios balbuceaban algo pero no alcanzaban decir ninguna palabra en concreto, simplemente eran frases entrecortadas sin sentido alguno. Temerosamente, la profesora adelantó un pie, dudó un instante, luego adelantó el otro. Continuó así durante unos minutos que parecieron durar décadas. En ese infinito tiempo, a parte del resonante sonido que provocaban los tacones de la profesora y de los sollozos que aun deambulaban por el aire, se empezaban a escuchar leves murmullos como <<¿Está muerto?>> o <<Fíjate, ¿Qué coño acaba de suceder?>> o simplemente <<Dios santo, el Señor le ha castigado>>. Josefa ignoraba aquellos comentarios, pues tenía suficiente con pensar que haría. Así, ajena a los murmullos, se acercaba hacia el cadáver, todavía sin saber que iba a hacer cuando llegase hasta él.  Por fin llegó al pupitre silencioso, la maestra tendió su mano y tocó el frío pómulo de Hugo. Suavemente lo meció a un lado y a otro y sin ser consciente, unas palabras en forma de pregunta salieron por sus resecos labios:
               -¿Hugo? –sabía que el adolescente no le iba a responder, un muerto nunca responde. Sin embargo, Josefa no pensaba. Se encontraba como un bebé al que le había robado el caramelo.- Hugo, respóndeme…
               A pesar del tono suplicante de la profesora, el joven seguía sin responder. Una chica estalló en lágrimas mientras presenciaba aquella escena. Josefa apartó la mano, se quedó dudando si debería seguir llamando al muerto y  decidió que lo intentaría una vez más. Volvió a tender la mano y cuando estaba a escasos centímetros del pómulo izquierdo, se escuchó un tosido en el rincón más alejado de la clase. Todos  volvieron la vista hacia la niña. Esta, mientras tosía, no podía evitar pensar una cosa: ¿Ella también moriría?
               De nuevo, el tosido se prolongó más de lo normal y volvió a crear un horrible y doloroso sonido. Las compañeras del pupitre de Raquel –la joven ahora vista como un leproso- se apartaron de ella, esta las miró con lágrimas en los ojos y llevó sus manos al cuello. De nuevo el aula se calló a excepción de la tos agonizante que sufría la joven. La niña con ojos como platos, hinchados y ensangrentados, echó una última mirada dirigida a Nacho antes de empezar a vomitar la sangre.
Pero antes de que Raquel acabase con el mismo destino que Hugo, Dani, el batería, comenzó a toser y convulsionar. Ana y Leticia, las compañeras de Raquel, empezaron con los mismos síntomas. Detrás de Nacho, Jenny y Fátima se intentaron incorporar, pero les fue inútil: ellas también se unieron a la agonía. Nacho aturdido y conmocionado miró a toda el aula, todos sus compañeros tosían. Se incorporó, pero una gélida mano le agarró la suya. Nacho observó a su mortalmente pálido amigo Guillermo. Éste le miraba con ojos asustados pero ya inyectados en sangre y lágrimas que junto a los enormes hilos de sangre que le brotaban de la boca, eran iluminados por una piel antinaturalmente pálida. Nacho con un grito ahogado, se zafó de la mano de uno de sus mejores amigos; Guillermo acababa de morir. Dio unos pasos atrás mientras su cuerpo temblaba, sus fuerzas le abandonaban. Recorrió el aula con una visión borrosa a causa de las lágrimas y del mareo que estaba sufriendo. Las náuseas le subieron desde su estómago y observó como otros compañeros al igual que él, se intentaban levantar; algunos lo conseguían y se quedaban inmóviles en un profundo shock, otros no. Nacho con una última pasada de vista, logró distinguir a Zoe; tosía y lloraba…
Mierda, mierda, mierda. El mundo daba vueltas a su alrededor. Eso no podía estar pasando, tenía que ser una mala pesadilla. Desgraciadamente estaba ocurriendo y no lo era.
Por fin, con un inagotable tambaleo, Nacho, alcanzó a dar su primer paso; le costó un mundo. Con el mal sabor de la bilis en la boca, consiguió dar un segundo paso, luego un tercero pero al intento del cuarto, tropezó con una mochila desperdigada por el suelo. Perdió el equilibrio pero los pocos reflejos que le quedaban del judo lograron que no cayese. Esquivó una segunda mochila que se interpuso en su errante caminar, pero no logró sortear el cuerpo inerte de Mario. Cayó al suelo, pero esta vez ya ni intentó mantener el equilibrio, ya no le importaba caer, quería golpearse y despertarse de una vez, es lo que quería, pero no sucedía.
Impactó con la frente contra el canto de una mesa teñida en sangre. En el momento del golpe, su mente que estaba negra tuvo un haz de luces bancas y fosforescentes que le hicieron despertar de su estado de shock. Tendido en el suelo empezó a llorar, no aguantaba más. Sus compañeros y amigos de la infancia estaban muriendo y él lo único que podía hacer era llorar, llorar como un bebe recién nacido. Todavía extendido, formando poco a poco un pequeño charco de sangre debido a la brecha que se había hecho en la frente instantes antes, giró la cabeza muy lentamente cuando sus ojos se cruzaron con los de Álvaro –su excompañero de pupitre de inglés-, que estaban abiertos, pero muertos, vacíos. En ellos se podía ver reflejado el terror que segundos antes acompañó a Álvaro hasta el final de su vida.
Nacho estalló de nuevo en lágrimas y se levantó entre perpetuos tambaleos, acompañado por una fuerte arcada. Una vez más, su mente borrosa le impedía ver que sucedía en torno a él.
Tenía que hacer algo, pedir ayuda era la solución. Era fácil pensarlo, realizarlo era casi imposible. Con lágrimas en los ojos, puso rumbo hacia la puerta. Aunque estuviese aturdido, no era capaz de impedir que los tosidos y lloros no entrasen en su cabeza. Lo único que deseaba era pedir ayuda. Al fin alcanzó el pomo de la puerta, manchado también de sangre de alguien que tuvo su misma idea pero que no pudo llevarla a cabo debido a que falleciera en el intento.
 La mano le sudaba y temblaba, giró el pomo a la derecha y con un pequeño alivio en el interior salió de clase para llegar al pasillo del edificio y allí pedir ayuda. Pero ese alivio pronto se disipó. Se había equivocado al pensar en pedir ayuda.
Si el sonido en su aula era desesperante, allí, en el pasillo era aun peor. Una marea de tosidos, arcadas, respiraciones entrecortadas, gritos, lloros, agonías, caídas y sollozos golpeaban a Nacho de una manera psicológica. Desde todas las aulas, desde el patio, desde el gimnasio, desde la sala de reuniones, dese todos los rincones posibles e inimaginables se acercaban desesperantes agonías cargadas en el aire.
Pero para cuando, Nacho hubo recorrido todo el pasillo pidiendo inútilmente ayuda, los tosidos, gritos, lloros y todas las agonías dichas anteriormente, cesaron. El joven temblaba de miedo, mareado tuvo que sostenerse en la pared para buscar un apoyo y no caerse. Notó como la bilis le recorría el cuerpo y no pudo aguantar unas arcadas que remataron en vómito. Arrimó su espalda contra la pared y se dejó caer deslizándose por ésta. No podía ser que todo eso hubiera pasado, era imposible, eso no había sucedido. Tenía que ser una pesadilla, una pesadilla como la que tuvo en el bus. Tenía que serlo, pero aunque lo desease, no lo era. Había ocurrido de verdad.

Dos minutos después de la infección, Hugo había muerto, unos minutos después, 4ºC en su totalidad había fallecido. Otro minuto más y todo el colegio se había muerto. Seguramente, todo el planeta se había silenciado…

jueves, 8 de agosto de 2013

6
ESTALLA LA TORMENTA

Tener lengua un jueves a primera, era una bonita manera de despertarse del estado somnoliento en el que los adolescentes llegaban a clase. Sobre todo porque Josefa sabía muy bien como hacer despertar a sus alumnos. Sus centenares de años en la enseñanza le proporcionaban tácticas infalibles para mantener a todo el mundo atento. Según algunos alumnos, Josefa llevaba en el puesto de profesora desde que el hombre descubrió la rueda, allá por el Pleistoceno. Era una profesora que generación tras generación, daba mucho de que hablar por sus coloridos ropajes que llevaba a clase, era conocido por varios motes, uno de ellos era La princesa Arcoíris. Cada semana se teñía el pelo, una generación contó que una vez pudieron tener el placer de verla con el pelo morado, pero eso no eran más que rumores. Sus arrugas le acompañaban desde hace décadas y sin embargo, nunca le salían nuevas. Según varios alumnos, Josefa conocía el secreto de la inmortalidad junto a Jordi Hurtado. Tanto anillos como pulseras y pendientes de inmensos tamaños y colores eran sus complementos que llevaba a diario.
               -Buenos días mis queridos alumnos –la voz de Josefa aguda pero penetrante resonó por toda el aula mientras los alumnos de 4ºC iban tomando asiento. – Sentaos de una vez y veamos si habéis estudiado la lección de ayer.
               Todos los alumnos se sentaron en el orden en el que Josefa les mandó. Nacho, tomó asiento al lado de Andrea, la listilla de la clase que nunca bajaba del nueve, ¿Cómo lo haría? En el asiento de la derecha se encontraba Guillermo, que había conseguido entrar en clase al límite, antes de que la profesora cerrase la puerta. Con un movimiento de cabeza sin mucho ánimo saludó a Nacho y se sentó al lado de este.
               Josefa inspeccionó toda la clase con una mirada y observó que estaban sus 27 alumnos. Excelente, era hora de comenzar la matanza. Lanzó una mirada furtiva a Hugo y acercándose a su pupitre, apoyó sus voluminosos pechos en el mueble y posó sus manos, una sobre la otra, en las tetas.              
               -Bueno Hugo, ¿Qué tal te va con nuestro amigo Calderón de la Barca? Dígame las principales características de su estilo.
               Hugo arqueó las cejas dando a reconocer que no tenía ni puñetera idea de la respuesta.
               Toda la clase estalló en carcajadas, incluso Hugo que rojo de vergüenza no pudo evitar reírse. Josefa también sonrió y aun más cuando decidió cual sería su próxima víctima: Miriam.
               La profesora se alejó del fondo de la clase, donde se encontraba el asiento de Hugo y, llegó al de su nueva víctima.
               Nacho que vio Josefa les daba la espalda, aprovechó para girarse a Guillermo. Este le miró y no pudo dejar escapar una sonrisa. Estaba claro, ninguno de los dos soportaba más aquel estúpido enfado. Ya era hora de que se perdonasen. En una voz casi inaudible, Nacho comenzó a hablar:   
               -Guillermo, yo… -Unos tosidos provenientes del fondo de la clase le hicieron callar. Desvío la mirada unos segundos hacia el origen del sonido y descubrió que era Hugo. Una nueva oleada de risas barrió la clase. Algunos comentarios como <<Qué Hugo, la tos matinal después de fumar ataca de nuevo ¿No?>> o <<Eso es lo que pasa por fumar tan temprano>> ya eran rumores que merodeaban por toda la clase de una boca a otra. Su compañero de pupitre, le dio unos golpecitos en la espalda para que se le pasase la tos.
               Nacho tampoco pudo evitar sonreír pero de nuevo se volvió cara a Guillermo para continuar con su parte de las disculpas. Pero algo lo detuvo, aquella tos, ya no era una tos ordinaria. Era un sonido doloroso y horrible. Debía de estarle rasgando la garganta al joven alumno que desesperadamente luchaba por respirar. El aula se quedó en silencio a excepción de la asfixiante tos que la asolaba.
               Algo que había empezado como un cachondeo de tos había evolucionado a un alumno que se estaba ahogando. Hugo se llevo las manos al cuello y zarandeando la cabeza intentó respirar inútilmente. De repente, uno de los tosidos, estuvo acompañado por varios hilos de sangre que mancharon el pupitre y los apuntes y que ahora colgaban por su barbilla. El color de su piel era de un color morado pálido decorado con varia sangre fresca que no paraba de toser y escupir. Con ojos aterrorizados, Hugo, se quedó mirando a la profesora, pero esta no sabía que hacer.
               El chico ya no podía hacer nada por conseguir respirar y vomitando sangre, dio unos débiles meneos de cabeza antes de dejar caer violentamente la cara sobre el pupitre.
               Su cabeza, tendida en la mesa estaba rígida y a remojo en el charco de sangre vomitada instantes antes. Tenía la boca muy abierta en forma de un grito silencioso, de la cual colgaban varios hilos de líquidos rojos. Su piel se había vuelto pálida, casi blanca y en ella, contrastaban todas las venas moradas que se habían remarcados mientras el chico luchaba inútilmente por respirar.
               Pero lo más escalofriante eran sus ojos; abiertos y sin color, ensangrentados debido a la multitud de venillas que le habían estallados mientras se asfixiaba.
               La clase quedó en silencio, Hugo acababa de morir.

               Pero aquello, solo era el principio…

jueves, 1 de agosto de 2013

5.2
LA HORA FINAL

Pero algo brilló dentro de Nacho; Zoey le contestó el saludo sin muchos ánimos. Sin embargo, Borja miró de reojo a Nacho y suponiendo que iba a hablar con la niña, continuó con la caza de la chica. No la iba a dejar escapar, no otra vez. Cuando Zoey comenzó una relación con aquel subnormal al que todo el mundo llamaba Baquetas, él sufrió mucho y aunque lo ocultase, amaba con toda su alma a la joven. Enviándole una envenenada sonrisa de triunfo a Nacho, de nuevo se acercó a la chica y apartándoles unos.
               -Sé que estos días estás un poco jodida, si quieres ahora que llegan las vacaciones, quedamos e intento animar esa cara.
               -No creo que sea el mejor momento para hacerlo, Borja.
               -Tranquila, no te quiero meter presión pero piénsatelo. Recuerda que todavía tenemos pendiente la cena –apuntó Borja haciendo un gesto como si estuviese rapeando.
               ¿Cena? ¿Qué cena? Nacho sintió una punzada en el corazón al escuchar las palabras de Borja y más cuando Zoey con una sonrisa muy forzada contestó:
               -No se me olvida, tranquilo. Este sábado la hacemos.
               Borja lo miró y de nuevo sonriendo a su mayor rival, susurró en unas palabras inaudibles:
               -Este duelo lo he ganado yo, Baquetas. Has perdido.
               Nacho disgustado, decidió marcharse. Desconsolado se sentó en las gradas al lado de Isma y Valentina y apoyando la cabeza sobre las manos perdió la mirada en el horizonte. Con ambos dedos índice y corazón de cada mano, se empezó a masajear la sien. Intentando animarse, pensó que aun quedaba una larga mañana para tener otra oportunidad y hablar con Zoey, pero era inútil, ella no quería hablar con él; dos semanas atrás le había dicho claramente que ya no le quería.
               Quedaba un par de minutos para que tocase el timbre y nada iba según lo esperado.
               -¡Mirad lo que he encontrado por el camino! –gritó Yago al llegar junto al grupo tirando la mochila al suelo mojado. Llevaba las manos cerradas, tenía algo en su interior. Isma, Valentina, Nacho, Mario y algún otro curioso, formaron un círculo alrededor del adolescente recién llegado.- Vais a flipar.
               Separó las manos y dejó a la vista un saltamontes que brincó hacia el pelo de Valentina. La chica chilló al tiempo que se revolvía el pelo para librarse del animalito.
               -¡La madre que te parió! –Gritó Isma a Yago en un estado entre enfurecido y divertido al ver la reacción de su novia.
               -No me pegues. Tienes que reconocer que es increíble. Un saltamontes en invierno –dijo Yago intentando disculparse mientras escapaba a lo largo del campo de fútbol de Isma.
               El resto de la gente estalló en risas, incluso Nacho. Pero estas se vieron interrumpidas por el sonido del timbre, era hora de comenzar las clases. Resoplando y sin ganas, todos los alumnos pusieron rumbo a las aulas.
               Nacho caminaba junto a Ángel y María cuando de repente los empujaron. Cuatro niños pequeños de no más de siete años, simulando ser cuatro jinetes de caballos trotando al galope. Al mismo tiempo, un policía pasó entre los tres adolescentes y lo saludaron amablemente sin embargo, el agente no contestó el saludo, sino que simplemente se limitó a observar a Nacho. Durante unos segundos, el policía no apartó la vista del chico.
               -Ya la has liado tío. Hoy vas directo a la trena.
               Pero Nacho no contestó. Los ojos de ese agente le sonaban mucho. Demasiado.
               Continuaron su camino a clase despidiéndose de María antes de entrar, la chica le dijo a Nacho en un susurro al oído, que todo iba a salir bien. El adolescente no alcanzó a comprender el significado de aquellas palabras y se despidió de ella con un beso en la mejilla de aquella curiosa, misteriosa pero increíble chica. Le caía muy bien aunque la hubiese conocido unos meses atrás. Ángel se despidió con un beso muy próximo a los labios, se notaba de sobra que entre ellos iba a suceder algo muy pronto.
               <<Ojalá hoy sea un día tranquilo>> pensó Nacho mientras entraba en clase.
               El timbre había dado por comenzado las clases y al mismo tiempo, aunque en ese momento lo ignorasen, también había dado por finalizada la era de la raza humana.
               Los minutos se habían agotado…

               Y así, estalló la tormenta…
Bueno, ahora que es verano y tengo más tiempo y ya tengo bastante escrito, subiré un capitulo cada semana. Esto será el viernes o el sábado, según me vaya mejor. También tengo que decir que la historia va yendo muy bien y que agradezco de todo corazón vuestras visitas y sobretodo vuestro comentarios, que me ayudan a mejorar y perfeccionar. Y nada más, muchas gracias querido lector, querida lectora.
Espero que disfruten más que nunca de PANDEMIA, en donde en breves, comenzará la acción.
No le entretengo más.
Un saludo,
El Autor

miércoles, 31 de julio de 2013

5.1
LA HORA FINAL

Quedaban exactamente quince minutos para que tocase el timbre que daría por comenzada una nueva jornada de clases. Aburridas y eternas horas de estudio que no iban a servir para nada. Eso es lo que pensaba Nacho mientras avanzaban por el campo de fútbol. Estaba cansado y agotado, tenía sueño, más del que tenía normalmente. También sentía un dolor constante en el brazo derecho, quizás se hubiese hecho daño en judo, tampoco importaba.
               -Ey Baquetas. Fíjate –dijo Isma señalando en dirección a la entrada de clase de gimnasia. Saliendo por la puerta del aula, había tres policías que hablaban entre ellos amistosamente.- ¿Qué bastarda mierda hacen aquí esos maderos?
               -Habrán robado otra vez la televisión de clase de inglés –contestó Nacho mirando a los agentes. Estos iban uniformados como lo harían patrullando las calles, incluso llevaban la porra y la glock, una P99 consiguió reconocer Nacho. Una pistola semiautomática utilizada por la policía local de varias localidades españolas.
               -Pues esos cabrones no pintan nada aquí.
               -Se nota que la policía te cae muy bien –comentó Nacho en un tono sarcástico. Sabía de sobra que si había algo que Isma odiaba en el mundo, era la policía. En un intento de detener un desahucio, se había formado una masa de personas alrededor de la casa protegida e Isma y sus tres colegas del grupo más su hermano un año mayor estaban allí para ayudar contra esa injusticia. Al rato, la policía cargó contra los civiles y se formó una buena pelea. El más afectado fue Brian, el hermano de Isma que tuvo que ir al hospital por culpa de un policía que le abrió la cabeza. Desde ese instante, Isma cogió un odio contra la policía.
               -Esos cabrones hicieron que mi hermano tuviese que estar en el hospital ingresado. Jodidos bastardos.
               Los tres agentes se cruzaron con los dos chicos y amistosamente les saludaron. Mientras Nacho les respondía el saludo, Isma se apretó los puños. Cuando los agentes se alejaron lo suficiente, Isma no pudo evitar despotricar por lo bajo sus pensamientos.
               -Bastardos de mierda. Ahora van de majos pero luego no dudan de romper narices y cráneos…
               Nacho sonrió al escuchar las envenenadas palabras de su amigo y ya no respondió, porque sabía que si cometía el error de hacerlo, se metería de lleno en una conversación en la que Isma narraría centenares de cargas policiales que terminaron con civiles yendo al hospital heridos por los mossos d´ escuadra.
               Llegaron a las gradas donde el resto de sus amigos les esperaban. Desde tiempos inmemorables, según contaban las leyendas, más o menos desde la primera generación que pasó por el colegio, la inmensa mayoría de los alumnos de 4º y ciertos aventureros de 3º, esperaban y se reunían en este milenario lugar a que los timbres marcasen el comienzo de las clases.
               Isma recibió a Valentina con un dulce beso en los labios y Nacho intentando no pensar en Zoey al ver esa escena, llegó junto a Ángel a quien saludó de una manera especial que ellos habían inventado tiempo atrás, cuando aun acababan de entrar en la ESO. Buscó con la mirada a Zoey que estaba sentada un par de lugares a la derecha de Ángel. Luego buscó a Guillermo, pero no lo encontró.
               -Guillermo aun no llegó –dijo Ángel al ver que su amigo lo buscaba con la mirada. Nacho hizo una mueca de disgusto, pero bueno, no importaba. Aun quedaba todo el resto de día para hablar. Y además estaba Zoey, con quien por supuesto, también quería hablar.
               -Oye, ¿Alguno de vosotros sabe que coño hacen aquí los maderos? –Preguntó Isma abrazado a su novia.
               -Por lo que me han dicho, hoy van a dar una charla –intervino Barreiro, un amigo de la clase de Isma.- Van a dar una cháchara por turnos, primero 4ºB, luego vosotros, 4ºC –continuó el chico señalando a Nacho y Ángel,- y por último a 4ºA.
               -Yo no necesito una charla de esos cabrones –refunfuñó Isma.
               -Mira el lado positivo –dijo Mario, un chico regordete y reservado sumándose a la conversación.- Así perdemos clase.
               -Que más da, hoy no íbamos a hacer nada de todas formas, es el penúltimo día –replicó Nacho metiéndose las manos en los bolsillos de sus pantalones negros.
               -Buenos días chavales –dijo María a modo de saludo. Ángel al verla envió una mirada a su amigo y se levantó de su cómodo asiento el cual rápidamente fue ocupado por Rubén, un chico de 4ºB. Cómodamente se sentó mientras Ángel pasaba al lado de Nacho y le daba un golpecito amistoso en el codo. El chico se acercó a la recién llegada y utilizando la excusa de los deberes, comenzó a hablar con ella. María era nueva en el colegio desde el comienzo de curso e iba en clase de Valentina, en 4ºA. Sin embargo la habían conocido en el verano, un día en la playa y allí, se hicieron muy amigos de ella. Ángel se había enamorado de la chica al poco de conocerla mejor, no era de su estilo, todo lo contrario. No muy alta con apariencia débil pero con mucho carácter. Vestía a la moda, pocas veces se le veía con el color negro y sin embargo, Ángel babeaba por ella.
               Nacho se frotó el hombro que escasos segundos antes, Ángel le había golpeado. Sabía de sobra que había significado aquello, que hablase con Zoey y lo arreglase todo. Tenía razón, tomó aire y decidido fue al encuentro de su exnovia que ahora hablaba con Silvia y Nerea. En el breve camino pensó que decir, no sabía como empezar, pero no importaba, iba a hablar con Zoey y nadie se lo impediría. Fuese lo que fuese lo que le había dicho el padre el día que rompieron, no podía ser tan grave para que la adolescente, no le volviese a hablar.
               A menos de un par de metros, Nacho dudó un instante en como saludarla y cuando hubo decidido de cómo hacerlo, alzó la mano y abriendo la boca para saludar a la chica, alguien se le adelantó. Una capucha negra, cubría el rostro del individuo que se apresuró a saludar a Zoey.
               -Buenos días, Zoey –dijo el chico quitándose la capucha y dejando al descubierto a Borja, un rapero de 4ºB que tenía unas intenciones muy claras con Zoey.

               ¡Mierda! No podía ser así, Borja no. Nacho era muy sociable, no tenía manía ni despreciaba a nadie menos a Borja. A eso chico no le tragaba, odiaba su aire de superioridad y como trataba al resto de la gente, seres inferiores. Su pelo corto el cual cada mañana se lo ponía minuciosamente en punto con litros y litros de pastosa gomina, estaba normalmente cubierto por una capucha de una sudadera unas cuantas tallas más grandes de la que debería usar. Su pendiente con forma de diamante en la oreja izquierda, dejaba claro lo que más le gustaba a ese rapero en el mundo: el dinero y las chicas, en ese orden.

viernes, 19 de julio de 2013

4
NUNCA MÁS

Nacho se despertó completamente empapado de un sudor frío y gélido demasiado asustado para moverse. Una vez se hubo convencido de que todo fue una pesadilla, se giró hacia la izquierda y comprobó que aun seguía en el bus. Se quitó los cascos donde todavía sonaba la música a todo volumen y se encontró a su lado a Isma.
               -Buenos días, Baquetas, ¿Ha dormido bien la princesita? –Preguntó el amigo pícaramente. Nacho, todavía con los ojos achinados debido al sueño emitió un gruñido a modo de respuesta.- Así me gusta, tan despierto como siempre.
               Nacho volvió a gruñir desviando la mirada hacia la ventana. Cada mañana siempre veía el mismo paisaje y sin embargo, nunca se cansaba de observar la ría y las Islas Cies que orgullosamente se imponían sobre la gran ciudad de Vigo envueltos en una espesa niebla misteriosa e imponente.
               -Tengo una buena noticia: conseguí convencer a Guillermo de que hablase contigo -prosiguió Isma consiguiendo captar la atención de Nacho que poco a poco se iba despertando.- A ver si hoy hacéis las paces de una bastarda vez.
               -Gracias, tío.
               -No hay de que, ya sabéis que yo soy el indispensable del grupo y que sin mi todo se iría a la mierda –Nacho sonrió y recordó como en uno de los primeros días de ensayo, nació ese título para Isma. El día anterior, Ángel había visto en una serie de televisión, que en todo grupo siempre hay un líder, un colíder, un guapo, un listo, una chica y un imprescindible. Por supuesto, el título de indispensable fue otorgado a Isma, ya que cuando él faltaba en un lugar el ambiente no era lo mismo. Él hacía que cualquier parte en el que estuviese fuese mucho más divertido de lo que era, por ejemplo, los viernes la primera hora de clase de matemáticas, sería insufrible para Nacho, Guillermo y Ángel si no fuese por Isma, que con sus comentarios, gestos y caras, se hacían mucho menos aburridas y más amenas; se echaba mucho en falta los días en que el chico faltaba.
               El resto de los títulos también se repartieron; Guillermo se autoproclamó el guapo –aunque el resto le intentase convencer que el título más indicado para él era el de la chica- y Nacho y Ángel se enfrentaron cómicamente por el título de líder y colíder.- Por cierto, ¿Sabes que Valentina quiere tener un bebé?
               -¿Tan pronto? –Preguntó Nacho sorprendido.
               -¿Qué? No claro que no. Bueno, espero.
               -¿Entonces?
               -Joder, creo que el problema está claro. Que dentro de unos años quiere tener un bebé, ¡Un bebé! ¿Tú sabes lo que es eso?
               -Macho, tampoco es tan malo –indicó Nacho instantes después de levantarse puesto que el bus ya se había detenido.- Un bebé da trabajo, pero creo que es muy bonito tenerlo.
               -Bah, mariconadas –desarrugándose su camiseta de Black Ice de ACDC se levantó y acompañado de Nacho y del resto de niños que iban en el bus, bajó por las escaleras del autocar que conducían al exterior. Se colocó su chupa de cuero para no pasar frío y se acomodó su gorro de Iron Maiden sobre su corto y castaño pelo. Sus intensos y oscuros ojos posaron su mirada en su amigo y prosiguió.- Los bebes lloran, se cagan, se enfadan, huelen mal y lloran aun más. Son bastardamente pesados.
               Nacho negó con una sonrisa las palabras de su amigo mientras Natalia llegaba junto a él y le daba la mano a su hermano para entrar en el colegio: el Martín Códax. 
               Una escuela que nació en 1971 inspirada en la Institución Libre de la Enseñanza y en la tradición cultural gallega, la cual defendían a toda costa todos los profesores, intentando lavar los cerebros de todos los jóvenes estudiantes metiéndoles en la cabeza que el gallego era un idioma que no podía desaparecer y por eso tenían que hablarlo.
               Era un colegio que podía presumir sobradamente de ser uno de los más grandes de todo Vigo, con el limpio aire de las montañas y el molesto sonido de los aviones –sólo para los profesores- ya que el aeropuerto de Vigo, Peinador, se encontraba a escasos quinientos metros del colegio. Y no era la primera vez que un alumno tenía la absurda idea de planear una fuga del colegio para escaparse en un avión, pero pronto se daba cuenta que aquel plan no era muy bueno y que simplemente no tenía sentido.
               Los frondosos árboles de la entrada desprendían ese característico olor que te ayudaba a recordar que un día más habías entrado en el colegio para ser ametrallado con broncas y malas notas. Nacho sonrió a su hermana y observó que en Secretaria, estaban metiendo unos bidones de gasolina a saber para qué clase de planes terroristas. El edificio, hecho de madera con un tejado de ladrillo, daba la bienvenida a la escuela. En su interior residía una enorme fotocopiadora acompañada con toneladas de folios, documentos y carpetas que serían guardadas en un cajón para nunca más volver a ser vistas. Desde la ventana de Secretaría, Fernando, jefe de estudios y al mismo tiempo profesor de historia, saludó con un gesto de mano al chico. Nacho envió una sonrisa que resultó bastante forzada, a esas horas de la mañana no podía esbozar una sonrisa si de verdad no le salía del alma.
               A los pocos metros de la escuela, se encontraba la cuesta más empinada de todo el colegio donde más de un alumno había tenido la desafortunada oportunidad de romperse algún hueso, que conducía directamente al enorme campo de fútbol hecho en su totalidad por un cemento condenador que en verano desprendía un calor infernal y que durante los días más fríos de invierno, se congelaba y cada año, siempre había un niño que resbalando por aquel campo, se rompía un hueso. A su izquierda, durante la bajada, los escoltaba la Jaula, un campo de fútbol de arena que formaba parte del límite del colegio que conectaba con la carretera que conducía al aeropuerto. Dicho campo, decorado con la misma fila de árboles que continuaba a partir de la entrada que varias veces atrapaban los balones que en ellos caían, estaba rodeado en su totalidad por un enorme cuadrado de verjas –de ahí su nombre de la Jaula- con una única puerta en la zona de la cuestas. Este campo, era el techo del edificio que se encontraba debajo: el comedor, donde un par de días a la semana, los alumnos se quedaban a comer una comida odiaba por todos los chicos y que según los jóvenes y algunos profesores, era veneno puro.
               Terminaron de bajar la cuesta, cuando    Nacho se sorprendió al ver como su hermana le soltaba la mano.
               -Ya soy mayor, sé ir sola –dijo la pequeña con una gran sonrisa.
               -¿Ah si? ¿Tan mayor eres princesa? –Preguntó su hermano al tiempo que se detenían en el final de la cuesta al lado del punto de córner.
               -Pues si, ya tengo siete años y mucho –indicó Natalia muy orgullosa.
               -¿En serio enana? Genial, entonces ya puedes venir con nosotros a los conciertos -apuntó Isma sumándose a la conversación.
               -No quiero –contestó la niña molesta porque el amigo de Nacho la llamó enana. Ella ya no es pequeña, ya no tiene que dormir con la luz encendida.
               -¿Por qué no?
               -Pues porque vuestra música es molesta. Podíais llevarme a un concierto de Miley Cyrus.
               -Por los mismísimos testículos del Minotauro, espero que entonces Dios se apiade de nosotros –susurró el hermano mayor en una voz audible solo para su amigo.
               -Me voy –dijo Natalia dándose la vuelta y alejándose.
               -¿Ya te vas princesa? –Preguntó Nacho.- ¿No me das un besito?
               -No –contestó la niña sonriente y echándole la lengua. – Me voy a clase.

               -Bueno, pues nos vemos luego –susurró Nacho para sus adentros viendo como su hermana se alejaba y fue durante ese momento en el que tuvo un terrible presentimiento. La sensación de que nunca más la volvería a ver…

domingo, 7 de julio de 2013

3.2
NUBES DE TORMENTA


               Al decir la última frase, su boca volvió a vislumbrar una esquizofrénica risa. Nacho observaba totalmente confuso e intentaba asimilar inútilmente las palabras de su padre, no alcanzaba a entender nada. Cuando se disponía a volverle a preguntar, su padre estalló en lágrimas. <<Madre mía, tiene el comportamiento de un desquiciado>> pensó Nacho para sus adentros. Isidro, con lágrimas todavía bajando por su herida mejilla, retomó de nuevo la palabra.
               -Recordar… No va a haber nadie que recuerde. Pero la tormenta va a estallar, de eso no hay duda. Hay muchas, muchas nubes –todavía con la voz entrecortada, miró a Nacho seriamente y metió su temblorosa mano en el bolsillo de su pantalón vaquero y de él saco tres cosas. La primera un pequeño frasco que contenía en su interior un líquido transparente pero Nacho no consiguió leer lo que ponía en la etiqueta del bote.  Lo segundo era una aguja, ¿Su padre se pinchaba? Eso explicaba el comportamiento esquizofrénico que estaba teniendo. Cuando Nacho adelantó el brazo para arrebatarle la aguja, su padre clavó sus azules ojos en su hijo y le negó el objeto.
               -Tranquilo, tú ya no la necesitarás. Sin embargo, tengo algo que te será de gran ayuda –dijo Isidro mostrándole a Nacho lo que realmente había estado buscando en el bolsillo; un trozo de papel. No era un trozo mucho más grande del tamaño que utilizaba Nacho para hacer chuletas en los exámenes, tampoco estaba bien cortado, puesto que lo debió de escindir a mano y con muchas prisas.- Nacho, cuando la tormenta estalle, esto te salvará la vida. Es necesario que te lo dé para asegurar tu supervivencia. Es crucial que no lo pierdas, de ello depende tu vida y la de tu hermana.
               Isidro alargó el brazo para que su hijo tomase aquel papel que al parecer era de suma importancia. Nacho, cada vez más confuso, extendió su miembro para cogerlo pero algo lo detuvo. Un grito desgarrador sonó a lo largo de toda la casa.
               -¡MAMÁ! –gritó Nacho olvidando completamente el papel que su padre le ofrecía. Un nuevo grito, retumbó a lo ancho del hogar, provenía de la habitación de sus padres. Nacho miró a su padre y vio como este susurraba unas palabras para si mismo:    
-Tras las negras nubes de advertencia, estalla la tormenta –De nuevo lágrimas reaparecieron en sus ojos y esta vez, mirando a su hijo, Isidro alzó la voz.- Y esta, empieza con los primeros truenos…
Nacho escuchó las palabras de su padre pero, un nuevo grito, lo despertó e hizo que reaccionase. Corrió hasta la habitación de sus progenitores pero se encontró con la puerta cerrada. Rápidamente, el adolescente intentó abrirla pero el pestillo estaba realizando su tarea, la puerta no cedía.
-¡MAMÁ! –Gritó Nacho con todas sus fuerzas haciéndose oír por encima de los fuertes chillidos de su madre.- ¡Tranquila mamá, estoy aquí! -Nacho empezó a golpear la puerta con potentes placajes pero esta, seguía sin ceder.- Papá, la puerta no abre, ¡Tenemos que sacarla de ahí!
-El destino no se puede cambiar Nacho, no abras esa puerta. La tormenta ya ha empezado –Contestó el padre totalmente pasivo a los gritos de su mujer, sin embargo, tan solo un microsegundo, Nacho pudo apreciar en el rostro de Isidro dolor, dolor por lo que estaba pasando y por lo que iba a suceder.
-¡Cállate de una jodida vez con eso de la tormenta y ayúdame! –vociferó Nacho perdido de los nervios, pero su padre negó con la cabeza a modo de respuesta. El adolescente se volvió a la puerta y con todas sus fuerzas, dio un potente puñetazo que con un crujido de madera, rompió a la altura de la cerradura para poderla abrir desde fuera. Cuando quitó el pestillo y saco la mano al exterior, vio como caliente y líquida sangre empezaba a brotar por una herida que se hizo escasos segundos atrás al cortarse con grandes trozos de astillas de la madera. Pero no paró a quejarse del dolor, ya que la puerta no estaba cerrada y se podía acceder por fin al interior de la habitación.
Los histéricos y seguidos gritos de su madre, se habían silenciado.
-Hijo, no cambies el curso de las cosas. No entres –Dijo Isidro mirando seriamente a su hijo.
Pero Nacho hizo caso omiso a las palabras de su padre. Sangrando cada vez más, empujó la puerta y miró el interior de la habitación.
Aquello no era posible, se quedó petrificado.