domingo, 10 de noviembre de 2013

12
RATONERA

La situación era crítica pero no dejaba de ser surrealista; los estudiantes que hasta hacía poco se habían dado por muertos, se levantaron y como si nada hubiera ocurrido, comenzaron a caminar. Pero caminaron para buscar comida y esa comida no era otra cosa que carne humana. Carne humana viva.
               Y por sin no fuera poco, el panorama empeoraba por momentos. Rubén e Isma luchaban contra dos No-Muertos mientras con repugnancia, observaban como cuatro o cinco de esos seres, se estaban comiendo a Paula.
               Mientras, el policía ya había gastado su munición y al tiempo que recargaba, Ángel y Nacho lo cubrían como podían golpeando con furia a sus antiguos compañeros y es, aunque les doliese luchar a muerte contra lo que fueron hasta hace unos escasos cuarenta y cinco minutos eran amigos suyos, no podían aflojar la fuerza. Si lo hacían, morirían. En realidad, había dos opciones, rendirse y convertirse en comida para los trastornados No-Muertos o, no aflojar la furia y sobrevivir. Y sin dudarlo, habían escogido realizar la segunda opción.
               Un grito femenino, puso los pelos de punta a Nacho al reconocer aquella voz. ¡Era Zoey! Un No-Muerto se había abalanzado contra ella pero Pablo, le había propinado una patada en el estómago que hizo retroceder al ser un par de metros hacia atrás. Pero el muerto, no se rindió y de nuevo, atacó a la pareja que no se dio cuenta que por su espalda se acercaba otro No-Muerto.
               -¡PABLO, ZOEY! ¡A VUESTRA ESPALDA! –Gritó Nacho con todas sus fuerzas haciéndose oír por encima de los gritos, los golpes, los disparos pero sobre todo, de los gemidos. La pareja se giró para ver como un No-Muerto se lanzaba contra ellos. Con dificultad en el último instante lo consiguieron esquivar.
               -¡Hay que salir de la clase! –Vociferó Ángel proporcionando una patada digna de un elevado cinturón de kung en pleno pecho a un No-Muerto.- ¡Si continuamos aquí, nos atraparan! ¡Estamos en una jodida ratonera!
               Isma y Rubén consiguieron abrirse paso costosamente entre la multitud de No-Muertos para llegar al grupo que se encontraba formado en el centro de la clase por el resto de los supervivientes.
               -¡El chico tiene razón! –Gritó el policía al tiempo que abría fuego contra una joven de pelo negro que se acercaba peligrosamente a Pablo.- ¡Tenemos que salir!
               El agente se puso en la cabecera del grupo y disparando, empezó a abrir camino al resto de los vivos. O lo intentaba, ya que los No-Muertos eran demasiados numerosos. ¿Cuántos habría? ¿Cincuenta, sesenta? Por cada uno que caía, aparecían dos o tres más. Un aullido desgarrador resonó en la clase cuando un muerto arrastrándose en el suelo, mordió en el gemelo derecho a Pablo. Con una fuerte patada en plena sien, Isma consiguió liberar al herido de la dentellada, pero la mordedura había hecho su función. Pablo notó algo pegajoso en los pantalones, bajó la mirada y comprobó mareándose, que sus pantalones estaban totalmente empapados de sangre. El comunista, le ayudó a continuar la huida dejando al compañero de su clase, que se apoyase en él.
               -¡Mierda, tengo que recargar! –gritó el policía cuando se dio cuenta de que su arma había dejado de disparar y hacía el característico click informador de que la munición se había agotado.

               Media docena de esos seres, aprovecharon ese instante de vulnerabilidad para abalanzarse sobre el indefenso agente. Este no pudo hace más que soltar la pistola a medio cargar, lanzando un aullido de dolor y sorpresa. Nacho recogió su pistola mientras el policía desaparecía bajo una inmensa masa de No-Muertos que aumentaba por segundo. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

11.4
…LOS MUERTOS CAMINARÁN SOBRE LA TIERRA

Rubén, que fue el primero en reaccionar, corrió a salvarla y con un empujón, consiguió liberar a Paula de las fauces de aquel monstruo.
Pero de nuevo, el No-Muerto, no vaciló en detenerse y con los brazos extendidos y realizando un sonoro gemido, se abalanzó contra Rubén. El comunista, que agarraba por la cintura a la dañada Paula, se disponía a propinarle una patada al ser demoníaco cuando notó que la chica a la que sostenía, caía al suelo.
Y es que, aunque Rubén no lo supiese, los segundos que le quedaban de vida a Paula, estaban contados. El mordisco, le había arrancado la carótida y su cerebro, se estaba muriendo por falta de riego al tiempo, que se desangraba.
-Rubén… -balbuceó la chica mientras su compañero comunista le observaba con horror la herida que le había condenado.- Ayuda…
Pero antes de ver como la luz de la vida se escapaban de los ojos de Paula, Rubén tuvo que protegerse malamente contra el nuevo ataque del No-Muerto. Forcejeando, consiguió que no le inyectase los dientes en el hombro, pero no lo conseguiría mantener a raya infinitamente.
Cuando tenía los dientes del maligno caníbal a menos de diez centímetros de la base de su cuello, llegó Isma que agarrando de la camiseta blanca -teñida en sangre- del No-Muerto, lo consiguió apartar el tiempo y la distancia suficiente para liberar a Rubén del forcejeo contra aquel ser.
Las cosas se estaban complicando por momentos. Todos los que, durante la agonía de la tos, habían muerto, ahora estaban reviviendo en busca de la carne de los vivos.

En aquel preciso instante, había comenzado el apocalipsis. Aquello, había marcado el principio del fin de la raza humana.

domingo, 13 de octubre de 2013

11.3
…LOS MUERTOS CAMINARÁN SOBRE LA TIERRA

Pero Gael no consiguió morder al agente ya que Nacho y Ángel consiguieron reaccionar a tiempo y con un salvaje placaje, liberaron al policía de las garras del caníbal. Pero de nuevo, el homosexual se levantó y con un vago gruñido sordo se abalanzó una vez más contra sus presas, pero esta vez contra un inmóvil Ángel.
Por suerte, el agente consiguió reaccionar a tiempo y se interpuso entre los dos. Cuando tenía al supuesto muerto delante de él apretó sin vacilar el gatillo una última vez. Del cañón, situado a menos de treinta centímetros de la cabeza de Gael, salió una caliente bala que impactó en el rostro del joven.
Entre ceja y ceja del adolescente, apareció una flor roja que comenzó a sangrar. Con fuerza, cayó hacia atrás y se derrumbo sobre una silla que había a su espalda, donde definitivamente dejó de moverse.
Fueron unos segundos eternos los que sucedieron. La habitación con olor a sangre y pólvora, permanecía en silencio. Temblando por la mezcla del miedo y del dolor de la herida del brazo, el policía se acercó a Gael con precaución y le propino una patada en la cara. El caníbal estaba definitivamente muerto.
Pero no hubo tiempo para descansar, pues a continuación, sucedieron demasiadas cosas al mismo tiempo.
Nacho estaba observando el cadáver de Gael cuando por el rabillo del ojo, vio una sombra tambalearse torpemente a su derecha. Rápidamente se giró y dio la voz de alarma alejándose aterrorizado de lo que antes había sido un compañero suyo de 4º. Aquella situación estaba acabando con su juicio.
El policía reaccionó rápido y apuntó al corazón del chico y disparó. Pero el adolescente –si se le podía denominar así-, se incorporó de nuevo, como si aquel balazo no hubiera sido más que cosquillas.
¿Pero qué coño estaba sucediendo? ¿Es que esos chicos que murieron eran inmortales?
El agente, realmente asustado, apuntó a la cabeza del chico y sin vacilar, disparó. La frente del chico se abrió y como plomo, cayó al suelo. Sin volver a intentarse levantar.
-¡Ahí viene otro! –gritó Isma señalando a una chica de pelo rubio, alta y delgada, extremadamente delgada y con una mirada perdida. Nacho se ahogó en sus ojos, muertos, rematadamente muertos.

El policía se volvió y tembloroso, apuntó a la joven que con los brazos extendidos iba con ansia hacia Pablo. Cuando se disponía a abrir fuego, algo le estremeció. Un rugido de sorpresa, dolor y miedo, se extendió a lo largo del aula. Todos se volvieron aterrorizados y vieron como un No-Muerto –así decidió bautizarlos Nacho-, clavaba sus dientes en el cuello de Paula. 

viernes, 11 de octubre de 2013

11.2
…LOS MUERTOS CAMINARÁN SOBRE LA TIERRA

-¡JODER GAEL! ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?! –Preguntó Paula totalmente histérica. La joven estaba perdiendo la cabeza, bueno, como todos los que estaban presenciando aquella macabra escena venida de la más terrorífica película de terror.
Gael, que estaba a punto de llevarse a la boca una pequeña porción de hígado –o lo que quedaba de él-, se detuvo y lentamente, volvió la cabeza hasta el histérico, conmocionado y repugnado público y entonces vio al pequeño grupo –en realidad, nunca supieron si los vio o simplemente los sintió como sus presas-. La mirada de Nacho no pudo hacer otra cosa que clavarse en la de Gael. Ojos vidriosos y ensangrentados, miraban con odio a los espectadores, pero sobre todo, eran ojos de un muerto, de un muerto que había vuelto a la vida. Irónico pero real, joder si lo era.
Las venas y los vasos sanguíneos que antes se le habían empezado a hinchar, ahora los tenía a punto de reventar resaltando sobre su piel pálida de un color grisáceo. Abrió la boca y de ella volvió a emanar un gemido como el anterior, posiblemente, esta vez más escalofriante, pues iba dirigido a ellos.
Con movimientos torpes pero sobre todo ansiosos, logró incorporarse tambaleante. Dio un par de traspiés antes de poner rumbo fijo a sus presas. El nuevo caminar de Gael era un paso lento y poco coordinado, como si estuviese bebido. Su arrastre de pies acompañado de algún leve gemido, consiguió poner a todos los pelos de punta y helar la sangre hasta al mismo agente que empezaba a entrar en acción.
-¡Te lo repito por última vez, chaval!, ¡Si no te detienes, me obligarás a abrir fuego! –rugió el policía ahogado en sudor y desesperación. Cargó la glock y sin dejar de apuntar al pecho del chico, dio una última advertencia.- ¡No te acerques más!, ¡DISPARO!
El sonido del arma disparando, resonó en toda la habitación dañando los tímpanos de los jóvenes, acompañado del brinco de todos y del grito de Paula y Zoey. La bala hizo impacto en el muslo de Gael, de donde empezó a surgir una amapola de sangre. Pero el chico no se inmutó, con su caminar lento pero decidido, continuaba acercándose al agente. El policía dudo un instante entre confusión y miedo, pero con los ojos enrojecidos apuntó y disparó al pecho del alumno. El impacto hizo retroceder un par de pasos a Gael que, sin detenerse, continuó.
El agente negaba con la cabeza aquella situación. Le acababa de meter un tiro en el pecho, ¡En el corazón! Ningún hombre sobrevive a un disparo en ese órgano. Aquello rompía cualquier esquema científico-biológico.
Un nuevo disparo impactó en el estómago del homosexual, pero de nuevo, sin vacilar, el chico continuó su camino.
-¡Joder! ¡Esto no tiene jodido sentido! –Gritó el policía perdido de los nervios. Si aun no tuvieron suficiente con la repentina muerte de la práctica totalidad del colegio, ahora se tenían que enfrentar a niños inmortales. A niños muertos inmortales, se corrigió el agente.
Un nuevo gemido lo despertó de su confusión y poniendo todo su empeño en acabar con aquel “ser” inmortal, comenzó a apretar el gatillo sin soltarlo. Una tormenta de disparos fue lo que vino a continuación. Tapándose los oídos, los adolescentes observaban con lágrimas y atónitos aquella escena surrealista. 9 balas impactaron en distintas partes del cuerpo de Gael; tres en el pecho, una en plena mandíbula, dos en el estómago y cuatro en las piernas.
Y como obra del mismo diablo, Gael seguía caminando, envuelto en un cuerpo bañado de heridas que expulsaban cataratas de sangre roja.
El agente cesó de disparar, con los ojos más abiertos que Nacho nunca hubiese visto antes, el policía observaba estupefacto, como a menos de un metro el chico seguía avanzando y se abalanzaba sobre él.

El agente cayó al suelo ante el peso del chico y se encontró cara a cara con el repugnante rostro de Gael. Antes de que el policía pudiese hacer algo, el chico se echó sobre su cuello pero el agente, consiguió poner el brazo en la boca de Gael para evitar el mordisco. Sin embargo, aquel movimiento tampoco fue la mejor opción, ya que el adolescente mordió el brazo del policía y arrancó un gran trozo de carne. El policía soltó un alarido mientras con horror, observaba como su brazo se teñía entero de rojo. El supuesto muerto, le agarró con una pálida mano la chaqueta y de nuevo se abalanzó contra su cuello. El policía asustado, cerró los ojos al reconocer su muerte y esperó el mordisco y con él el dolor. 

lunes, 7 de octubre de 2013

11.1         
…LOS MUERTOS CAMINARÁN SOBRE LA TIERRA

Gael era un chico al cual le encantaba ser el centro de atención; era delgado y llevaba un corte de pelo que él mismo denominaba “moderno”. Su piel morena era muy envidiable –algunos incluso afirmaban que su futuro iba a ser como modelo gracias a esa piel- y siempre resaltaba debido a su amplio conjunto de ropa de marca pija. Era guapo, muy guapo –lo que ayudaba a la teoría de que sería un gran modelo- y siempre producía un gran revuelo entre las chicas. Pero había un problema, Gael era gay. Y fue en el verano del año anterior, cuando por fin se atrevió a salir del armario y lo hizo a lo grande. Nacho, Ángel e Isma con infinita picardía todavía recuerdan aquella noche en la que un buen botellón dejó vulnerable a Guillermo y a raíz de eso, Gael entró en acción. El afectado siempre se había intentado borrar ese amargo momento de la cabeza, pero sus amigos, se lo impidieron recordándoselo cada poco tiempo. Lo que es cierto es que nunca nadie supo de verdad si Gael y Guillermo se liaron aquella noche, no es más que una leyenda urbana. Algunos afirmaban que los vieron y otros lo negaban. El propio Guillermo lo negaba y al contrario, Gael decía que aquella noche había sido única. Posiblemente todo lo que ocurrió nunca saliese a la luz.
Si a Gael siempre le encantaba ser el centro de atención, en ese momento se estaba luciendo: todo el mundo estaba observando en una mezcla entre confusión y miedo como el cuerpo del chico gay, estaba respirando.
-¿Qué demonios está ocurriendo? –Preguntó Paula derrumbándose en el suelo entre sollozos.
-Es imposible, totalmente imposible –contestó el policía negando con la cabeza.- Ese chico estaba muerto. Lo he comprobado hace nada, ¡Estaba muerto!
-Pues se ve que no lo has comprobado bien –contestó Isma con una mirada fulminante hacia el policía. Este evitó la mirada del alumno y la desvió hacia Fernando pero el profesor continuaba en silencio. Sus aterrorizados ojos miraban a su antiguo alumno que ahora estaba comenzando a tener un pequeño tic en la mano izquierda.
Durante los siguientes minutos, todos permanecieron en silencio, contemplando atónitos aquella macabra escena. Su pecho subía y bajaba a un ritmo lento pero constante mientras que el tic de la mano, ya se encontraba en todo el brazo izquierdo. Aquello no podía estar sucediendo, era innatural.
Las sacudidas del brazo, se fueron prolongando a todas las extremidades del cuerpo en escasos segundos. Todo el cuerpo de Gael estaba siendo sacudido por una descarga eléctrica. En su piel pálida y manchada de sangre, se podían apreciar claros cambios; varias venas de su cuerpo estaban empezando a remarcarse y a romperse, dando al joven alumno un aspecto demoníaco.
Paula, tirada en el suelo estaba totalmente aterrorizada, con los ojos rojos a causa de los lagrimones no paraba de susurrar palabras en un tono inaudible.
A su lado, Ángel estaba echo un ovillo, rezando por lo bajo frases de la biblia pidiendo ayuda a Dios. Nacho lo miró asustado, su amigo debía de estar perdiendo el juicio; nunca había dado su apoyo a la iglesia ni a la religión y sin embargo ahora, le estaba suplicando a Dios ayuda.
Pero no eran solo ellos, todos estaban susurrando palabras, incluso Nacho, se dio cuenta que el mismo estaba pidiendo socorro a nadie en particular. Aquello era demasiado, excesivo para unos simples niños de 16 años que hasta hace una escasa hora, se consideraban adultos.
Nacho estaba asustado, tenía miedo. Pensaba que aquello no podía ser más irreal pero se equivocaba, podía serlo. Con lagrimones por todas sus mejillas, pudo ver que aquel panorama empeoraba por momentos. Todos los cuerpos muertos de sus compañeros que yacían alrededor, estaban empezando a mover el pecho y algunos ya habían comenzado con aquel tic. ¿Qué estaba ocurriendo?
Los alumnos, tan desconcertados como los adultos, se miraban los unos a los otros intentando hallar en los ojos de alguien una respuesta, pero no existía. Fernando, pálido como un muerto miró a policía y este le devolvió la mirada asustado. El agente balbuceó algo y Fernando asintió. Con ligera torpeza, el profesor se levantó de la mesa en la que, hasta ese momento hubo sentado y con pasos lentos y poco decididos, llegó hasta el supuesto cadáver de Gael, que había dejado de vibrar. Ahora solo movía el pecho rítmicamente.
El catedrático se arrodilló ante el cadáver de su antiguo alumno y durante unos eternos segundos, lo observó. Se inclinó hacia delante, tratando de percibir la respiración del chico, pero no respiraba.
De repente, Gael abrió los ojos, totalmente ensangrentados –debido a todas las venillas invisibles y visibles que le habían estallados mientras inútilmente luchaba por respirar- y abrió la boca totalmente teñida de sangre, emitiendo un escalofriante gemido.
¿Olvidar alguna vez aquel sonido? Imposible. Aquel sonido era terrorífico, un profundo gemido sacado de las mismísimas entrañas del infierno. Seguramente, hasta el propio diablo temía aquel aterrador sonido. Vago y seco, el gemido podía poner los pelos de punta a cualquiera; salía a través de una garganta totalmente destrozada de tejidos que mientras moría, se habían hinchado hasta reventar y llenar toda la tráquea de sangre. Describirlo más, es imposible, había que estar en ese momento en la clase de 4ºB para saber  que aquel sonido inhumano y demoníaco, era capaz de aparecer a partir de ese momento en cualquiera de tus pesadillas. Y Nacho estaba allí, escuchando aquel gemido mientras quedaba grabado en su mente: jamás se lo podría sacar de la cabeza y mucho menos olvidarlo.
Todo sucedió demasiado rápido a partir de ese momento. Nadie reaccionó a tiempo para advertir a Fernando de lo que estaba sucediendo. Para cuando el agente había abierto la boca para avisarle, Gael o, mejor dicho, el monstruo que ahora vivía en el cuerpo del chico, se abalanzó a la base del cuello del profesor y con un violento giro de cabeza, le arrancó un gran pedazo de carne del tamaño de un puño dejándolo desangrado. Fernando no pudo hacer más que lanzar un aullido de dolor confusión y miedo antes de caer de lado, tieso como una piedra.
Joder, aquello era demasiado, excesivo, pero sobre todo imposible. Gael estaba realizando un acto de canibalismo delante de ellos y no podían hacer más que llorar y algunos vomitar.
La sangre salía a borbotones a través de la inmensa herida del profesor. Gael apoyó su fosforito pantalón teñido de sangre en el charco de sangre y con ayuda de sus manos, comenzó a destripar al catedrático. Aquella escena, también permanecería en su mente para el resto de la existencia de los allí presentes, sin poder jamás olvidarla. Las manos del alumno se introducían en la nueva herida de Fernando a la altura del estómago y de ella, sacaba grandes cantidades de órganos y carne que sin remordimientos se introducía en la boca. El hedor a sangre se dispersó como un rayo por la habitación e hizo que incluso el policía vomitase.

jueves, 26 de septiembre de 2013

10
CUANDO EL INFIERNO SE LLENE…

El Sol de diciembre brillaba con gran intensidad. Los días de lluvias y de nubes negras, habían sido substituidos por un Sol que ardía a lo alto del cielo. Retazos de la luz del Sol, se filtraban en la clase, a través del amplio ventanal dejando ver claramente lo que había en el interior de esa habitación, adornado con un intenso olor a sangre.
               Cuando Nacho asomó la cabeza dentro de la habitación, no pudo sentir hacer otra cosa que hundirse en dolor. El panorama de aquella clase era más o menos lo mismo que la suya; cuerpos tirados al azar, chicos con la cabeza sobre el pupitre bañándose en un gran charco de sangre.
               Entró en la clase y vio como un policía se levantaba apoyando una mano en el encerado. Seguramente, aquel agente estaba dando la charla que daba la policía local en el colegio cada año desde hacía decenios, cuando de repente, ocurrió todo. Debió de ser muy duro para el adulto ver como más de treinta alumnos de no más de dieciséis años, con toda una vida por delante, morían ante él.
               El agente, los observó con sorpresa y se acercó junto a otro superviviente, que se encontraba apoyado en la pared, con una gran herida en el brazo la cual limpiaba como podía con su camiseta. Pablo –que así era como se llamaba el chico- los contempló en silencio, intentando adivinar si su juicio ya le estaba jugando una mala pasada o si aquellos tres supervivientes que acababan de entrar por la puerta eran reales. Se levantó y se puso una sudadera azul marina con cuadros negros que se encontraba tirada a su lado. Se acercó hasta Nacho, lo atrajo hacia sí y lo abrazó como si fuera un oso de peluche. Pablo y Nacho nunca habían hablado demasiado, ya que el primero, era un repetidor no demasiado sociable, y sus verdaderos amigos se encontraban ya fuera de la escuela. Pero ver en ese instante a Nacho, lo recobró de energía y esperanza. Verlos a ellos tres significaba que en otras clases también había otros supervivientes.
               Nacho también agradeció aquel abrazo, caliente y reconfortante. Con el rabillo del ojo, vio como a su derecha, se levantaba otro superviviente; Fernando, el profesor que impartía clase de historia en el colegio y que al mismo tiempo, era jefe de estudios. Le envió una sonrisa al chico que también se la devolvió. Al lado del pedagogo, acurrucada en el suelo, se encontraba Paula, una atractiva adolescente de corta falda y camiseta de tirantes ajustada que lloraba con la cabeza apoyada en las rodillas.
               -Baquetas, Angel, Zoey, ¡Estáis vivos! –Gritó una voz llena de alegría. A la izquierda de Nacho, apareció el imprescindible del grupo; Isma. Los tres supervivientes que acababan de entrar en clase, lo abrazaron con gran fuerza.
               Isma pensó en preguntar por Guillermo, pero con dolor no lo hizo. Supuso que si no estaba entre los tres amigos, es que el guapo del grupo tampoco había sobrevivido. Aquello hizo que las lágrimas volviesen a brotar de sus ojos y se tuvo que tumbar.
               El resto de los supervivientes se habían sentado de nuevo en sillas o mesas; otros se habían acurrucado en el frío y duro suelo de baldosas. Los alumnos se reunieron alrededor de los adultos. Sin embargo, ni el policía ni Fernando tenían mucha pinta de saber como reaccionar es una situación como aquella. Ellos también estaban pálidos y ausentes.
               Todos los supervivientes se juntaron. Permanecieron en silencio durante largos minutos. Ninguno se atrevía a hablar. Aunque necesitaran la cercanía entre ellos, todos estaban distantes.
               Sentado junto a Nacho, se encontraba Rubén, un chico rubio de ojos color avellana. El joven era un chico de lo más curioso antes de aquella mierda. Era comunista y en más de una ocasión se había enzarzado en combate contra mentes discapacitadas -según él- que defendían a los apestados de los capitalistas. Era orgulloso, pero majo si uno lo conocía bien. Y Nacho era una persona que lo conocía perfectamente, desde que en la ESO el chico llegó al colegio, él y Nacho hicieron muy buenas migas. Rubén o como se le solía llamar, el comunista, había intentado persuadir a Nacho para que se uniera a las juventudes comunistas, sin embargo el chico se mantuvo fiel a sus ideales. Nadie le iba a sacar de la cabeza de que el mundo iría mejor con una anarquía.
               De sesenta personas que había entre las dos clase, tan solo habían sobrevivido ocho. Todos ellos, ahora se encontraban asustados y es que aunque estuviesen rodeados de más supervivientes, se sentía solos y tan expuestos al peligro que acabó con sus compañeros, que no se atrevían a hablar.
               El tiempo corría, había pasado más o menos unos treinta o cuarenta minutos desde que todo había comenzado cuando aquella extraña enfermedad volvía a golpear de una manera potente y definitiva.
               La primera en darse cuenta de lo que ocurría fue Paula, pero no se atrevió a decir nada, o simplemente no fue capaz. Isma fue el siguiente, con una mezcla de confusión y miedo en los ojos, comenzó a temblar. Nacho advirtió la impresión de su compañero y desvió la mirada al origen de su terror.
               En el fondo de la clase, Gael, uno de los jóvenes fallecidos, o al menos supuestamente fallecido hasta ese momento, esta respirando.
               Algo extraño sucedía.

               La pesadilla no había hecho más que comenzar en ese momento…

miércoles, 4 de septiembre de 2013

9
EN LA OSCURA SOLEDAD

En su clase ya no quedaba nadie más vivo. De veintisiete alumnos solo sobrevivieron tres. Ellos tres.
               Nacho se levantó del pequeño círculo que los tres tenían formado e intentando evitar mirar a los demás compañeros, se quitó el abrigo dejando al descubierto su negra sudadera de Rocky Balboa. Lo dejó en la mesa, tapando el cuerpo de Guillermo con él.
               -¿Qué haces? –preguntó Ángel sin muchas ganas.
               -Voy a la clase de al lado, la de 4ºB para ver si allí queda alguien.
               -¿Te marchas?
               -Venid conmigo, quedaros aquí no va a arreglar nada –Nacho sabía que parecía arrogante. Pero no tenía otra opción que jugar ese papel. Tenía que hacer que Zoey y Ángel reaccionasen. Quedarse durante más tiempo en esa clase no iba a hacer más que aumentar la depresión de todos.- Vamos, levantaos y acompañadme.
               Ángel lo miró, durante unos segundos pensó que si su amigo no tenía corazón, que la muerte de todos sus antiguos compañeros no había significado nada. Pero pronto se dio cuenta de que lo que en realidad quería Nacho, es que reaccionasen.
               Pero aun así no era nada sencillo. Querer reaccionar era una cosa, que la mente ayudase en esa difícil tarea era otra. Durante otro par de minutos, los tres permanecieron en silencio. Nacho esperando a que sus amigos reaccionasen. Ángel intentando que su cuerpo reanudase a moverse de nuevo y Zoey estaba tiesa, pálida, con una mirada perdida. Ver a su amiga, bastó para que Ángel consiguiese que su cuerpo le obedeciese. Si continuaban allí unos minutos más, quizás la mente de Zoey no pudiese soportarlo.
               -Tienes razón, Baquetas, hay que buscar algún superviviente más. No podemos quedar solo nosotros.
               Ángel también se levantó y se colocó cerca de Nacho, preparados para salir al exterior y ver si todavía quedaba alguien más. Estaban listos para salir, pero Zoey no. Seguía acurrucada en el suelo, llorando en silencio. Nacho la miró y posando su mano en su hombro le dijo en un suave susurro:
               -Zoey, hay que ir a clase de historia. Allí averiguaremos si hay alguien. Aquí ya no queda nada que podamos salvar…
               Pero la adolescente no contestó, con la mirada ausente al cadáver de su mejor amiga, Silvia, no podía más que temblar de miedo. Durante los últimos quince o veinte minutos, sus vidas habían sufrido un giro total; Nacho, Ángel y Zoe habían experimentado un dolor inimaginable en tan solo unos segundos. Nacho, lo estaba intentando superar al igual que Ángel, pero Zoey no, no era capaz. Ella era débil.
               -¿Qué ha provocado todo esto? –Preguntó Zoey todavía con la mirada perdida. Durante los diez minutos que habían estado los tres llorando en silencio, esa pregunta había rondado por sus cabezas. Pero no se habían atrevido a pronunciar las palabras. Porque los tres sabían, que no tenían la respuesta.
               -No lo se, quizás un virus o una infección.
               -¿Qué clase de virus es tan letal que puede matar veinticinco personas en menos de un par de minutos?
               -Ni idea –contestó Ángel negando con la cabeza. Nacho miró a su amigo. Él tampoco tenía una respuesta.
               -Yo no soy católica, pero ¿Creéis que se trata de algún castigo religioso?
               -No, por supuesto que no –afirmó totalmente convencido Nacho.- Ahora vámonos, yo te ayudo a levantarte –Nacho ayudó a Zoey a ponerse en pie. A la joven le temblaban las piernas como si fuesen gelatina. Pero Nacho tenía razón, quedarse en esa clase no iba a servir de nada. Estaba decidido, irían a la clase de historia para ver si allí había algún superviviente.
              
               Fue un camino corto, doce o trece pasos era la distancia que separaban las dos clases. Pero cuando salieron y vieron a la alumna de 4ºB que minutos antes Nacho ya había visto, Zoey volvió a romper en sollozos. Ángel no pudo continuar viendo a su antigua compañera de otra clase y apartó la mirada.
               -Esto no significa nada –dijo Nacho en un susurro.- Que ella haya muerto no significa que toda la clase haya fallecido.
               Ángel lo miró y Nacho intentó disimular su preocupación. ¡No!, se negaba totalmente a la idea de que ese virus o infección o castigo divino o lo que fuese, hubiese hecho que ellos tres fuesen los únicos supervivientes. Era imposible, totalmente imposible. Llegaron hasta la puerta que estaba cerrada. Curioso, si aquella niña había salido de la clase, ¿Porqué habría cerrado la puerta? La respuesta era simple y sencilla, no quería ver más el dolor de todos los compañeros que morían en una terrible y angustiada muerte. Él había hecho más lo menos lo mismo.
               Adelantó una temblorosa mano y giró el dorado pomo de la puerta. Unos segundos que parecieron una eternidad fue el tiempo que Nacho tardó en abrir la puerta.
               La desarrimó.  

               Lo que había al otro lado lo aterrorizó.